Si algo aprendí durante el curso escolar pasado fue francés. El francés era una asignatura pendiente para mi, no la quería, no me entraba por los ojos, la odiaba y lo siento, no me gustaba ni me gusta, pero lo único cierto es que sino quería quedarme convalidando con francés tenía que ponerle alguna solución. El remedio más bien fue doble; el primero apuntarme a clases particulares de francés; el segundo poner en práctica el francés a través de chats, para así practicarlo y estudiarlo diariamente.
No únicamente esto me sirvió para sacar un SIETE en francés (cuando antes no llegaba al TRES) y ser el chico con la nota más alta de francés de mi clase. Este duro esfuerzo, que lo fue, tuvo otra utilidad; conocer mucho más sobre la cultura francesa (la verdad es que aunque he estado dos veces en Francia no conocía más que lo típico del país galo) .

Catalunya Nord fue uno de los variados temas que toqué con chicas francesas. Pero especialmente con una, ya que tuve la suerte de conocer a una chica que era de Perpignan y para colmo formaba parte de un partido político llamado Bloc Català que en la actualidad está integrado en Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), que a su vez integra Convergència i Unió (CiU), la federación de partidos políticos nacionalistas catalanes. Muchos estarán de acuerdo conmigo que es inevitable negar la existencia de un territorio histórico-cultural catalán que traspasa fronteras estatales. Ese territorio es llamado Países Catalanes (en catalán Països Catalans) que no es más que el término aplicado por algunos para designar territorios en los que se habla catalán. Es por tanto un término análogo al de francofonía o hispanoamérica.
Volviendo a la raíz del tema, conocer a esta chica y a otras francesas me proporcionó como anteriormente dije conocer un poco más sobre la cultura francesa y muy especialmente de como son los catalanes-franceses. Lo que me llamó mucho la atención. El estereotipo de catalán que tenemos en la península ibérica es prácticamente contrario al estereotipo que tiene el pueblo francés sobre sus catalanes.
En una canción de Joaquín Sabina podemos escuchar: “Cuando quiero un socio para los negocios dame un catalán, gente más decente no voy a encontrar”. Posiblemente si Sabina fuera francés diría todo lo contrario. Para los franceses los catalanes son gente alegre, los reyes de la fiesta, amantes del vino y del alcohol; aficionados a ir a la Jonquera para comprarlo más barato. Les gusta el rugby, también la petanca y en mayor medida que a los catalanes españoles, el baloncesto. No son para nada tacaños y los norteños dicen que son unos vagos. Les gustan las fiestas con toros, las corridas y “les arenes”. No se pierden ni una procession de la Sanch de la a Semaine Sainte de Perpignan. En temas de identidad sus compatriotas los consideran franceses, es muy raro hablar de independencia y a pesar de la conciencia lingüística que supone que un 62′9% de los habitantes del Rosellón cree que los niños deberían aprender catalán. La única realidad es que habitualmente habla francés el 92% de la población.
Ahora vayamos con los catalanes españoles. Si yo fuera catalán español y me tuviera que definir por los estereotipos diría de mi que soy una persona seria y tacaña, a la que no le gusta el vino, quizás una copita de cava catalán, como no, al año. Persona anti-taurina que mata y vive para ver el cierre de la Monumental. Todo lo que huela o suene a España me provoca una sensación muy parecida a la de vomitar. Soy del Barça, miembro fundador de la plataforma para erradicar las 3 o 4 hermandades católicas - de andaluces - que existen en la Cataluña Sur. No hablo más castellano que el suficientemente necesario para hacer negocios. En las manifestaciones aparezco al lado de Carod Rovira, Artur Mas, Jordi Pujol y compañía gritando “Som una naciò”…
Mejor paro, porque ya todos sabemos los estereotipos que tienen los catalanes en España, en cierta medida, gracias a la parte más reaccionaria y castellanista de la sociedad española, y de otra parte, gracias a que una minoría nacionalista radical esté condicionando la vida política catalana, cosa que en Francia no ocurre, ventajas de un estado centralizado.
Como se puede observar estereotipos totalmente contradictorios para ser el mismo pueblo. Eso si en una cosa coinciden, todas sus penas son culpa de París para unos y de Madrid para otros. Yo sin más ganas de escribir, pensar y de opinar repito lo que decía José Ortega y Gasset: “El problema catalán no se puede resolver, sólo se puede conllevar”.